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Tomar un juego que no has creado. Copiarlo. Cambiar lo que te parece. Venderlo. Está pasando.

No es una historia imaginaria...

Un reconocido autor de juegos de mesa de carrera internacional recibe un mensaje privado sobre relanzar una de sus obras más famosas con otra temática. El remitente le comunica su idea de publicar ese juego a gran escala con otra ambientación y algunos pequeños cambios de reglas. Su intención es sacar el juego con una gran marca propietaria de una franquicia que sería la base de la nueva versión del juego, financiada por crowdfunding en una plataforma internacional. Remata su mensaje diciendo que si el autor estaba interesado, hablarían más sobre el tema.

El autor contesta diciendo que no entiende del todo la propuesta. Explica a su interlocutor que no puede tomar su juego, cambiar temática o alguna regla, y publicarlo por su cuenta. Además le comunica que existe una compañía editora del juego que actualmente lo está produciendo y tiene los derechos de publicación sobre el mismo en todo el mundo. Insta a su comunicante a que contacte en todo caso con la editorial y se informe bien sobre el tema.

El remitente responde de inmediato enumerando secamente y punto por punto una lista de sus razones: Que solo quería una conexión con el autor o propietario del juego y que va a hacer una versión distinta en temática, que las reglas de los juegos no tienen copyright (añadiendo un enlace a un foro (¿?) en el que algunas personas discuten ese tema), que no piensa violar el copyright del actual editor del juego pues todos los diseños e ilustraciones y folleto de reglas serán diferentes, que las instrucciones del juego original no están patentadas, que reeditar juegos sin permiso de su autor es algo común [sic], y que entiende que el autor no quiere participar en el proyecto de reimplementación del juego por sus "propias razones" [sic].

No obstante todo parece indicar que el individuo en cuestión tiene intención de continuar con su idea.

Esta historia es totalmente verídica y ha ocurrido en 2015. El autor de juegos protagonista no desea por el momento que concretemos la información ni que los mensajes literales se hagan públicos, pero si por desgracia el proyecto anunciado sale a la luz de alguna manera, podremos dar más detalles.

Y si es así, sin duda dará que hablar en el mundo lúdico.

 


 

En Jugamos Tod@s hemos recibido desde siempre muchos mensajes de personas que crean juegos y quieren darlos a conocer, que quieren verlos publicados o embarcarse en la auto-edición. Siempre les hemos dado algunas indicaciones sobre el camino a seguir, por ejemplo aconsejando que enseñen sus creaciones en público y que las hagan jugar todo lo posible, enseñándoles el calendario de eventos lúdicos, dándoles a conocer editoriales de juegos de mesa establecidas, mostrándoles concursos de juegos a los que presentarse, proporcionándoles contactos con fábricas de juegos para producir componentes, o dándoles a concoer asociaciones de creadores en España y otros países. Y ante todo hemos animado a esas personas a seguir trabajando con pasión en sus juegos.

Pero también recibimos con cierta frecuencia otro tipo de mensajes más oportunistas o desinformados, de quien cree ver en los juegos de mesa un negocio más sencillo de lo que es en realidad. En los últimos tiempos tal vez sea algo acrecentado por la visibilidad del éxito de algunas camapñas de mecenazgo a nivel global y la aparente accesibilidad de realizar ese tipo de proyectos - sin darse cuenta de cuántos otros quedan en el camino y de las dificultades de todo tipo que se deben aforntar. Como el remitente de los mensajes anteriores que ha dado pie a esta entrada, incluso hay quienes nos han mosrado asombro porque un autor pueda negarse a que su juego sea publicado sin contrato o permiso, o que un autor pueda tener algún tipo de derecho sobre una creación suya si otra parte la copia y publica. Algo así sería totalmente impensable en otros campos creativos, por ejemplo con una novela.

La proliferación de producción de juegos por mecenazgo y financiación colectiva (crowdfunding) tiene sus ventajas indudables, pero también sus inconvenientes, rebajando umbrales y dando rienda suelta para prácticas editoriales de bajo nivel.

Nos parecen diversas señales indicativas de una falta todavía de cultura lúdica y de un desprestigio social generalizado de los juegos de mesa como obras culturales.

 

Tomar un juego que no has creado. Copiarlo. Cambiar lo que te parece. Venderlo. Ha pasado antes en España pero eran unas circunstancias sociales y un país bien diferentes, tiempos de flagios. Eran prácticas editoriales de un mercado lúdico en subdesarrollo (ahora pasan cosas similares en Sudamérica y Oriente) y parecía algo bien superado en Europa y Norteamérica.

No se puede ocultar que ocurren ocasionales desgracias y son sonados los casos judiciales en los que los autores de los juegos originales han luchado o están luchado contra sus copias (Jungle Speed vs Jungle Jam, Khet vs Laser Battle, Bang! vs San Guo Sha, etc.). Casos así no serían posibles ni serían socialmente tan admisibles si ocurriesen de forma análoga en otros campos culturales o creativos, como la literatura o el cine (Ni salvando el Quijote de Avellaneda o Tiburón 3). La figura del autor de juegos tiene mucho que avanzar en su reconocimiento social y cultural.

Tras la creación de los juegos hay personas autoras y creadoras, y buena parte de culpa de que ésa no sea una idea extendida y asumida socialmente la tiene la tradicional práctica empresarial de no acreditar a los autores de juegos ni poner sus nombres en la portada de la caja o en las reglas de sus juegos. Haber conseguido corregir ese punto como norma general establecida en la moderna industria de juegos de mesa es un logro por el que los autores de juegos han luchado en pasadas décadas (desde Alemania, posavasos mediante). Sin embargo las jugueteras tradicionales siguen primando la imagen de marca y continúan hoy en día publicando habitualmente juegos sin acreditar la autoría (Hasbro, Mattel, etc.).

 

¿Al estilo Gamezone? Los paralelismos de esta historia con la actualidad del proyecto HQ25 son evidentes e imposibles de obviar (Aunque en su caso ni siquiera han llegado a contactar con el autor del juego que "homenajean"). Está claro que la empresa sevillana no es la única en ver una fórmula del negocio fácil. Y ya no se trata de un precedente puntual de un añorado juego descatalogado supuestamente a rescatar, ahora se trata de un juego de mesa conocido actualmente en edición - El poco amor por los juegos, la búsqueda de ganancias ante todo, y la forma de pasar olímpicamente de los autores, son lo mismo.

 

Los juegos de mesa son cultura. Y las personas que los inventan son creadores. Cuanto más insistamos en valorar esa idea más nos beneficiaremos a la larga toda la gente que disfrutamos, vivimos, jugando. Por más y mejores juegos.

Los juegos también tienen autores

¡Nos jugamos!

Jugamos Tod@s

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