Corvus Belli se llama la firma que nació en 2001 como un modesto medio para convertir en trabajo la afición de dos cangueses y un pontevedrés por los juegos de rol y por las miniaturas que les sirven de apoyo, unas figuras que se han convertido en sí mismas en objeto de coleccionismo. Fernando Liste es uno de esos tres locos que pensó que montar una empresa para hacer lo que más les gustaba siendo a la vez sus propios jefes era una buena idea, aunque al principio no les diera más que para malvivir. Hoy Corvus Belli es más que una afición. Los socios ya son seis y dan trabajo a 23 personas. Su objetivo de facturación para este año es de un millón de euros. Palabras mayores.
Corvus Belli exporta a 15 países y emplea a más de una veintena de personas
or el camino del éxito Corvus Belli recibió ayudas del Instituto Galego de Promoción Económica (Igape). “Nos ayudaron mucho, les parecía una idea curiosa pero bien fundada”, dice Fernando. Pero el gran salto lo dieron cuando, en 2005, decidieron crear su propio juego, con sus propias reglas y con sus propias figuras. Crearon ellos mismos una demanda a la que poder satisfacer con su oferta de figuras. Cerraron el círculo del capitalismo con un simple juego. Nació Infinity.
La empresa fabrica actualmente tres tipos de figuras, todas ellas de metal y sin pintar, como es habitual en el sector, para que cada aficionado las pueda decorar a su gusto. La primera línea de miniaturas, con su propio nombre, Corvus Belli, son de 15 milímetros y reproducen guerreros de épocas clásicas (romanos, celtas, cartagineses, capadocios...) con una increíble variedad de armas y equipamientos. El segundo tipo, War Crow, son algo más grandes, de 28 milímetros, y son personajes de fantasía (enanos, elfos, orcos, demonios...). Pero es con la tercera línea, Infinity, con la que nació un mundo propio de ciencia ficción con ocho civilizaciones enfrentadas y el juego con el que ponerlo en movimiento, “que simula combates y operaciones especiales en un entorno de ciencia ficción y estética manga”, según su propia definición.
El negocio no sufre la crisis: “Esto es una pasión, una vía de escape”
Infinity tiene hoy miles de jugadores en todo el mundo, su propia web (www.infinity.com) e incluso foros específicos y campeonatos regulares en diversas ciudades ajenos ya a la empresa. Es un mundo con vida propia en el que la firma gallega solo interviene para proponer unas normas y ofrecer sus figuras.
Aunque cuenta con la colaboración de ilustradores y diseñadores extranjeros para determinados trabajos, Corvus Belli diseña y fabrica todos los productos de sus tres líneas argumentales en Cangas, desde donde los exporta a una quincena de países, ya sea a través de ventas en sus propia página web, a través de distribuidores o con tiendas asociadas. Sus precios varían desde los 3,60 euros por una figurita de las más simples hasta las varias decenas por un grupo completo. Luego, una vez pintadas, cada aficionado elige su escenario. No es difícil encontrar en Internet foros en los que se exponen complejos decorados que demuestran que esto es más que un juego.