Hacer los juegos y transportarlos tiene impacto ecológico, jugarlos es más que sostenible.

Absurdos del mundo capitalista, fabricar un juego en China y transportarlo hasta Europa tiene menos coste económico que hacerlos en cercanía. En esos costes no se tiene en cuenta el impacto ecológico del transporte (ni otros costes sociales y humanos de negociar con países donde los derechos laborales son cuestionables). Usar plásticos o madera (según qué procedencia) también deberían ser aspectos que las editoriales lúdicas deberían tener cada vez más en cuenta.
En My Kind of Meeple ha aparecido un artículo de opinión sobre el tema: Making board games is bad for the environment – Playing them isn’t (Enero 2019), por Emily.
¡Nos jugamos!
