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En 1988 la multinacional Ravensburger se negaba a poner el nombre del autor en la caja de un juego. La noche del 4 de Febrero de aquel año, en la cafetería de la Feria Internacional del Juguetes de Nuremberg, 13 autores de juegos firmaron sobre un posavasos declarando sus intenciones: Ninguno de nosotros dará un juego a una editorial, si nuestro nombre no está en la portada de la caja.

 

Manifiesto Posavasos

 

 
Reinhold Wittig fue el cabecilla de la inciativa, que también firmaron Helge Andersen, Hajo Bücken, Erwin Glonegger, Dirk Hanneforth, Max Kobbert, Wolfgang Kramer, Joe Nikisch, Gilbert Obermeier, Alex Randolph, John Rüttinger, Roland Siegers, más un autor no identificado tras el paso de los años (en la esquina de arriba a la izquierda, firma en vertical).
 
Esta es la imagen que se conserva del Manifiesto Posavasos (Bierdeckel-Proklamation / The Coaster Proclamation):
Manifiesto Posavasos
Keiner von uns gibt ein Spiel an einen Verlag, wenn sein Spiel nicht oben auf der Schachtel steht! (¡Ninguno de nosotros dará un juego a una editorial si nuestro nombre no está en la portada de la caja!).
 
 
En 1988 el premio Spiel des Jahres sería unos meses después para Barbarossa de Klaus Teuber. Los dos años anteriores había ganado Wolfgang Kramer (Heimlich & Co. en 1986, Auf Achse en 1987), siendo el primer autor alemán en conseguirlo tras la fundación del premio en 1979. Los juegos de mesa en Alemania estaban en ebullición y crecimiento imparable.
 
Aquella histórica noche en Nuremberg se conoce como Perlhuhn-Abend; la Noche de Perlhuhn (Pavo) - debido a que la marca de juegos donde publicaba Reinhold Wittig es Edition Perlhuhn, fundada en 1976.
 
Edition Perlhuhn
 

Lo cierto es que el manifiesto contribuyó al reconocimiento efectivo de la autoría de los juegos, sobre todo porque autores tan importantes como Alex Randolph o Wolfgang Kramer se mantuvieron comprometidos y activos con los ideales.

Tan sólo unos años después se fundaba en 1991 la Asociación de Autores de Juegos; SAZ (Spiele-Autoren-Zunft).

SAZ

Mucho se ha avanzado desde entonces gracias a aquellos primeros autores que iniciaron el camino.

Las modernas editoriales de juegos cumplen muy satisfactoriamente el cuidado de reconocer claramente la autoría de los juegos de mesa.

Muy diferente es la forma de actuar de compañías clásicas o de las grandes multinacionales, que no suelen mostrar esta necesaria información (En ocasiones ni en la portada de la caja ni en nungún otro lugar dentro del juego o las reglas).

La autoría de los juegos, como otras obras culturales (libros, cuadros, películas...), es digna de reconocimiento. Es justo.

¡Nos jugamos!

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