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En los medios

En El País.

Ajedrez

El periódico El País mantiene una sección sobre Ajedrez desde sus inicios.

Ahora estrena un portal dedicado al juego de mesa:elpais.com/ajedrez

El ajedrecista y periodista Leontxo García, encargado de escribir sobre Ajedrez en El País los últimos años, lo presenta así:

¿Usted no sabe de ajedrez? ¡Es de los nuestros!
¡Hola! ¡Saludos desde Dubái!
“Yo no entiendo nada de ajedrez, pero me interesan las historias que usted cuenta”, me dicen muchos lectores de EL PAÍS desde 1985. Eso es música celestial para mí, y también estoy muy agradecido por la fidelidad de los aficionados a la columna diaria (análisis de una partida) y a los vídeos (323 ya publicados) de El Rincón de los Inmortales, que ahora han pasado a agruparse en un canal de YouTube específico. Además, el pasado julio comenzó a enviarse el boletín semanal ‘Maravillosa jugada’, que está teniendo una gran acogida.
Ahora, con la percha del Mundial Carlsen-Niepómniachi en Emiratos Árabes Unidos, el periódico lanza un portal específico de ajedrez, que abarcará también sus fascinantes conexiones con la ciencia y el arte, sus personajes novelescos y sus 1.500 años de historia.
Nunca olvidaré lo que sufrí hace exactamente 38 años, el 19 de noviembre de 1983, durante un vuelo Bilbao-Londres para cubrir las semifinales del Torneo de Candidatos, Kaspárov-Korchnói y Smyslov-Ribli. Era mi primer trabajo para un medio de gran difusión, tras escribir durante varios años para la revista Jaque.
Había convencido al diario vasco Deia para ser enviado especial, pero cuando el avión despegó me di cuenta de dónde me había metido, y sentí terror ante el abismo: me imaginaba a un lector convencional que llegaba a la sección de Deportes y empezaba a pasar las páginas de fútbol, fútbol, fútbol, fútbol, ciclismo, pelota vasca, otros deportes, ajedrez…. Y yo tenía que lograr que se parase justo ahí para leer mi crónica, aunque no fuera aficionado.
Lo único que veía claro era cómo no lo iba a conseguir: hablándole de la Defensa Siciliana o de las sutilezas de un final de torre y rey contra caballo y rey. El pánico fue en aumento, hasta que la intuición me dijo que lo primero era ir al hotel de los jugadores, el Great Eastern, en Liverpool Street, y merodear por el vestíbulo, a ver si pescaba algo.
Y entonces tuve una suerte enorme, y vi la luz: sorprendí a miembros de la delegación de Kaspárov haciendo algo estrictamente prohibido en la Unión Soviética (URSS): hablar en tono muy amistoso con los ayudantes de un “traidor”, Korchnói, disidente escapado de la URSS y perseguido por agentes secretos del KGB. Corrí a escribir mi primera crónica, que titulé: “En ajedrez sí hay distensión Este-Oeste” (aún perduraban los rescoldos de la guerra fría EE UU-URSS). En Deia la publicaron destacada y en grande, yo comprendí cuál debía ser el rumbo en mi nueva singladura profesional, me lo repetí como un mantra cuando pasé por las agencias Efe y France Presse, entre otros medios, y me lo grabé a fuego en la mente durante mi primer trabajo para EL PAÍS (dos meses y medio en Moscú, 1985, 2º duelo Kárpov-Kaspárov).
Pronto comprendí que aquel hilo periodístico recién descubierto conducía a una mina de oro inagotable. El ajedrez tiene conexiones muy atractivas con diversas ramas de la ciencia (inteligencia artificial, educación, neurología, matemáticas, psicología, psiquiatría…), y su gran valor como herramienta pedagógica, social y terapéutica (ámbitos en los que España es líder mundial) está respaldado por estudios científicos y experiencias internacionales.
Algunos expertos piensan que debería ser una asignatura en las escuelas de negocios. Varias de las muchas películas y novelas basadas en él son célebres. Citaré tres ejemplos: La diagonale du fou (Oscar en 1984); El jugador de ajedrez, una de las obras maestras de Stefan Zweig, y Gambito de Dama, la exitosa serie de Netflix.
Si a ello añadimos su utilización como arma política durante siglos y la fascinación que causa su lado más deportivo (boxeo cerebral entre dos personas que en apariencia no hacen nada durante horas, pero sufren una tensión extrema), la frase de mi colega neerlandés Hans Ree alcanza todo su esplendor: “El ajedrez es tan rico que una sola vida no es suficiente para disfrutarlo entero”.
EL PAÍS tiene una columna diaria de ajedrez desde su primer día en la calle, el 4 de mayo de 1976, porque su primer director, Juan Luis Cebrián, lo consideró un toque de distinción en un país donde pensar había estado mal visto durante 40 años. Tres periodistas exquisitos me precedieron en firmarla: Héctor Kúperman (1912-1991), Pablo Morán (1926-1995) y Lincoln Maiztegui (1942-2015).
Pero en 45 años apenas hemos publicado una pequeña parte de ese filón, cuyo oro vamos a intentar pulir mejor que hasta ahora en el nuevo portal , trenzando lo mucho que dará de sí el Campeonato del Mundo en Dubái (26 de noviembre al 16 de diciembre) con reportajes de especial interés que hemos preparado en las últimas semanas. Nos parece cristalino que mi colega Hans tiene razón, y confiamos en que ustedes también lo crean, tanto si son aficionados como si no.
¡Hasta pronto!


¡Nos jugamos!

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